El Sindicalismo Mexicano

Cuando un avance se convierte en retroceso.

A través de la historia de nuestro país, han ocurrido grandes cambios y transformaciones que han hecho del pueblo de México, un país multicultural; tanto en idiosincracia, como en lenguaje, tanto en aficiones como en costumbres. Es indiscutible que los mexicanos somos una raza única, precisamente por ese nivel de mezcla cultural y genética desde hace más de 500 años. Españoles, mexicanos, centroamericanos, norteamericanos, sudamericanos, franceses, italianos, africanos, chinos; todos los habitantes de este gran país tienen su origen en la diversidad. Cuestión que nos lleva a ocupar el segundo lugar de migración mundial sólo atrás de Turquía.

¿Pero qué consecuencias tiene este efecto en la sociedad?

La respuesta radica en analizar a la sociedad actual en todas sus aristas, una de tantas es el tema de los sindicatos: Asociaciones de personas que protegen los derechos laborales y vigilan por la transparencia y justicia de los trabajadores, obviamente sólo como objetivo.

 

La realidad es muy diferente, un sindicato se convierte en un grupo de poder que termina por controlar la operatividad de las empresas, secuestran los derechos y libertades

de sus agremiados, manejan a su antojo las plazas y permisos de trabajo, además de repartirse el jugoso presupuesto entre simpatizantes y amigos. Lo que da como resultado una baja productividad y una gran intervención política, maniatada y lejos de los intereses de las empresas y de los trabajadores. Todo esto, gracias a la corrupción arraigada desde hace más de 25 años entre autoridades, servidores públicos, partidos políticos y líderes sindicales.

Si comenzáramos a cuestionar la labor de estos sindicatos en materia productiva; de inversión; de optimización de recursos; nos daremos cuenta que son organismos que no tienden a un crecimiento y evolución competitiva, generando un sindicato que su único objetivo es la subsistencia, además de mantener su “hueso” por parte del gobierno, de la sociedad y de los mismos trabajadores que buscan cuidar sus derechos.

 

 

El caso del SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) y ex trabajadores de Luz y Fuerza del Centro es sólo un caso de un sindicato obsoleto, fuera de las condiciones competitivas y organizacionales que el país requiere, pero que, injustamente por un “decretazo presidencial” fue desaparecida. ¿Harán lo mismo con otros sindicatos? O aprovecharán la oportunidad de mejorar y renovar las plataformas políticas desde una base verdaderamente democrática.

México vive un gran momento histórico, de crisis ciertamente, pero de crecimiento social también, es momento de que la gente participemos a construir las instituciones que queremos, eliminando la burocracia que durante tantas décadas nos ha perjudicado y exigiendo a nuestros gobernantes trabajar para la gente y sus necesidades. ¿Qué acaso no tenemos ganas de vivir en un lugar mejor? Este es el mejor momento.

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